Raimundo Amador, mixtura de estilos

Raimundo Amador, mixtura de estilos

La verdad que ya tenía ganas de contar de nuevo con un protagonista español en esta sección de biografías de guitarristas ilustres.

Raimundo Amador Fernández nació en Sevilla el 26 de mayo de 1959 por lo que en el próximo mes cumplirá 60 «juveniles» años. De origen gitano, pronto comenzó a tocar la guitarra flamenca, teniendo como primer maestro a su padre, y tocando en la calle con apenas 12 años, quizás más por necesidad -su origen era muy humilde- que por devoción al instrumento en esa fase inicial.

Siempre que escribo acerca de estos extraordinarios artistas aparece alguna mágica o afortunada conexión con artistas consolidados que impulsan en alguna medida carreras incipientes como la de Raimundo. En este caso, nuestro guitarrista llega a conocer a los dos grandes colosos del Flamenco contemporáneo: el cantaor Camarón de la Isla y el maravilloso guitarrista Paco de Lucía -cuya biografía fue tratada meses atrás-, llegando a grabar con el primero de ellos el trabajo «La Leyenda del Tiempo».

Siendo apenas un adolescente, en los años setenta, conoce a Kiko Veneno con el que formaría el grupo «Veneno» en el que también se integraría su hermano Rafael Amador, grupo éste que pese a su efímera duración dejó un poso interesante sobre las tendencias musicales que estaban a punto de irrumpir en la escena nacional.

Pero tenemos que esperar unos años más, a 1981, cuando Raimundo y su hermano Rafael, alumbran un proyecto de calado denominado «Pata Negra» en el que mezclan el Flamenco con el Blues y que tuvo una trayectoria estable y reconocimiento del público, si bien, ocho años después, en 1989, Raimundo decide dar una nueva vuelta de tuerca a su proyecto musical, con el grupo denominado «Arrajatabla», que funda junto con el también guitarrista Luis Cobos «El Manglis», que profundiza en esa mezcla interesante y novedosa en aquellos tiempos entre el Blues y el Flamenco, formación que llega a editar un único disco cuyo título ya presagia dicha mixtura: «Sevilla Blues» en 1992.

A partir de 1995, tras la disolución de «Arrajatabla» ya encontramos a un Raimundo Amador en solitario que lanza un primer disco titulado «Gerundina», que ya adelanto para los «no iniciados» que no es su madre ni su abuela ni su tía, -por más que la familia extensa en el mundo gitano sea tan estrecha y emocional-, sino una de sus guitarras. En el disco colaboró Andrés Calamaro y el gran B.B. King, una absoluta leyenda de la guitarra y del Blues. En este álbum encontramos un gran éxito: «Bolleré», compuesto por Cathy Claret (compositora, cantante y multi instrumentista francesa).

A este primer trabajo le siguieron dos años después, en 1997, el disco «En la esquina de Las Vegas», en el que curiosamente se puede decir que Raimundo se orienta en mayor medida al mundo de la guitarra eléctrica pero simultáneamente colabora con la gran artista islandesa Björk en su tema «So Broken» interpretando la guitarra española. Un año despúes graba el álbum «Noches de Flamenco y Blues», con múltiples colaboraciones como Juan Perro, Charo Manzano, Kiko Veneno, Remedios Amaya y, cómo no, de nuevo, B B King, al que acompañaría en muchos de los conciertos que dio en España.

Puede decirse que Raimundo Amador encontró su sitio en la escena musical resultando acertada la decisión de seguir su carrera en solitario, si bien, como vemos, las colaboraciones con otros artistas son tan habituales como variadas, pero la libertad creativa e interpretativa no rivaliza bien con compañeros de grupo que se resisten a ser meros comparsas del líder y que pretenden, legítimamente -faltaría más-, aportar composiciones propias y su modo de tocar y sentir la música.

A estos tres trabajos anteriores, le siguieron: «Un okupa en tu corazón» (2000), «Isla Menor» (2003), «Mundo Amador» (2005), «Medio Hombre medio guitarra» (2010) y «60 aniversario. Directo en casa» (2019), adelantándose a su próximo cumpleaños en el próximo mes de mayo.

Mi contacto con la música de este gran talento de la guitarra se produce en 1997, y, más exactamente, el 20 de julio de 1997 en un concierto celebrado en el Palacio de los Deportes de Gijón en el que iba a ver a B.B. King -concierto ya mencionado en la biografía del músico norteamericano-, en el que además de disfrutar al Bluesman descubrí a un guitarrista español espectacular que no sólo no desentonaba en el escenario junto a uno de los más grandes de la historia sino que aportaba fraseos flamencos con su guitarra eléctrica que empastaban muy bien con los solos del guitarrista de Mississippi, causando admiración a cuantos asistimos al concierto, admiración que igualmente mostró reiteradas veces B.B. King, mencionando en varias ocasiones a Raimundo, con el que se le veía tocar a gusto, con el convencimiento colectivo de estar mezclando dos estilos aparentemente alejados musical y geográficamente, pero, muy estrechamente vinculados en su orgullo de raza, sentimiento profundo desde el fondo del alma y credibilidad en el escenario, estilos carentes de todo artificio de comercialidad. Y a partir de ese concierto reparé más en su música y me llamó la atención cómo tocaba escalas flamencas bien reconocibles con una guitarra eléctrica, y lamento no haberlo escuchado más, en parte porque, por una cuestión meramente personal, no fui incentivado familiar o académicamente para disfrutar de todas las gamas de colores musicales que ofrece el Flamenco, y me incliné más por el Rock y la Música Clásica. Seguramente, en tesitura deportiva, me ocurre como con el Rugby, en cuanto tengo la sensación de que si me hubiesen empujado a practicarlo o a disfrutarlo como espectador posiblemente me apasionaría tanto como el Fútbol, y con el Flamenco en relación al Rock creo que podría sentir una sensación similar; eso sí, con la ventaja de que a tiempo estoy de descubrir todo lo bueno que tiene el Flamenco y que tantos extranjeros aprecian, por más que en nuestro país haya podido denostarse durante una época de forma injusta. Sin embargo, hoy resulta una disciplina que nos ha dado estrellas universales y ya no extraña, como hace 25 años, que se pueda estudiar en un Conservatorio el título de Guitarra Flamenca -diferenciado del de Guitarra Clásica-, existiendo un estudio de Grado en Flamenco que lo incorpora a la formación musical reglada, formando de esta forma parte de las enseñanzas artísticas superiores, siendo el Conservatorio de Córdoba el pionero de este plan de estudios. Y llegado a este punto, hay que decir que surge la duda razonable de si enseñanzas como el Flamenco deben realizarse en las aulas de los Conservatorios o, mejor dicho, si deben ser impartidas por profesores titulados en música o por primeros espadas de la vanguardia flamenca, ya que actualmente está vedada la opcion de enseñar para muchos grandes profesionales del Flamenco por no tener titulación, algo que ocurrió también en Asturias cuando se introdujo la Gaita en los Conservatorios pero se exigió que los docentes tuviesen al menos el grado medio profesional de otro instrumento. Debate complicado, pero el hecho de que exista esta polémica pone en valor la trascendencia y reconocimiento social de estas enseñanzas musicales relacionadas con el Flamenco, y que, en gran medida, se debe a la divulgación y presencia internacional de artistas tan reconocidos como Raimundo Amador, con el añadido de que su especial contribución es precisamente haber apostado por fusionar estilos, superar las reglas tradicionales y adentrarse en el difícil equilibrio de llegar a un público más amplio sin perder la esencia tradicional.

La guitarra eléctrica más característica de Raimundo Amador es la Fender Stratocaster, de color rosa (llamada cariñosamente «La Mariquilla»), y también usa una Telecaster Thinline que bautizó como «La Valiente», y pese a ser un guitarrista flamenco que utiliza los dedos de la mano derecha para pulsar, con la eléctrica utiliza la púa y es capaz de producir efectos propios de su formación como las falsetas (frase melódica que se intercala entre las sucesiones de acordes), sustituyendo de alguna forma el dedo pulgar por la púa accionada sólo hacia abajo, confesando el propio Raimundo que pensaba que no se podía tocar la guitarra eléctrica con los dedos de la mano derecha (lo que guitarristas magistrales como Knopfler o Albert Collins se encargaron de desmentir), pero ahí quedó esa ejecución personal de asimilación de la púa con el pulgar para explorar sonoridades eléctricas con técnicas flamencas.

Resulta curioso que un intérprete de guitarra española haya optado por desarrollar gran parte de su carrera musical con la guitarra eléctrica, muy influenciado por la llama del gran Jimi Hendrix, y haya tenido la habilidad de haber conseguido explorar campos arriesgados de fusión de estilos muy diversos sin dejar de ser auténtico; y es que, como Raimundo dice: «la música tiene que ser tu forma de vida para que salga real», y, al igual que su admirado B.B. King, ha dedicado toda su vida a este maravilloso instrumento consiguiendo hacer algo novedoso y atractivo que resulta inspirador en unos tiempos como los actuales en los que la transferencia cultural resulta imparable.

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