Hank B-Marvin & Fender Stratocaster

Hank B-Marvin & Fender Stratocaster

Hoy le toca el turno a uno de los guitarristas con un sonido más influyente en el continente europeo: hablamos de Brian Marvin, cuyo nombre artístico por el que todos lo conocemos es Hank B. Marvin. Nuestro músico nace en Newcastle (Inglaterra) el 28 de octubre de 1941, por lo que dentro de apenas 72 horas cumplirá la nada despreciable edad de 78 años.

Brian comenzó a tocar la guitarra emulando el sonido «skiffle», sonido curiosamente norteamericano (se trata de un tipo de música propia de los trabajadores negros y pobres de Estados Unidos de los años veinte, que se caracteriza por armonías sencillas y que se ejecuta con instrumentos baratos y caseros, lo que facilita un acceso más popular, sin demasiada formación o exigencia de recursos). Sus primeros pinitos en la guitarra vinieron de la mano de otro guitarrista, Bruce Welch, con el que formaría una pareja casi inescindible a lo largo de los años.

Newcastle estaba demasiado lejos del circuito musical, por lo que con apenas 17 años ambos guitarristas, Brian y Bruce, se presentan en Londres para intentar exponer su trabajo, primero como dúo, con el nombre artístico de «The Georgie Boys», donde regalaron su talento en multitud de pequeños clubes de la capital inglesa. En uno de ellos, el «21s» tuvieron, -como a veces ocurre y ya dimos cuenta de ello en este blog-, la fortuna de toparse con un personaje decisivo en su crecimiento musical: hablamos de Cliff Richards, si bien antes de formar banda con él, giraron durante ese verano de 1958 con el grupo «Five Chesterbuts», con el que hicieron su primera grabación. Los conciertos proporcionaron una exposición bastante amplia de la habilidad y musicalidad de Brian Marvin, obteniendo una merecida reputación como solista, lo que le permitió colaborar también con el grupo «The Vipers», en lo que sería quizás el final de su relación con el estilo antes definido del skiffle. Tocaban metas musicales más excelsas para lo que precisaba acompañantes de entidad, consiguiendo integrarse en los «Drifters» como guitarrista solista, grupo de acompañamiento de Cliff Richards y su inseparable Bruce Welch.

A finales de 1959 y tras grabar dos sencillos acuerdan cambiar su nombre por «The Shadows» (a fin de no confundirse con un grupo americano que también se llamaba «Drifters»); estaba a punto de comenzar la historia de una banda de leyenda, apenas un año y medio después de salir de su Newcastle natal y arribar en una megaciudad tan competitiva musicalmente como Londres, y eso que Brian tenía sólo 18 años. La canción debut de la nueva banda se titula «Saturday Dance», y poco después llegaría «Apache», canción que tendría una gran aceptación en las listas musicales, en las que destaca el sonido inconfundible de la Fender Stratocaster cuyo enlace del título de hoy no puede resultar más apropiado, y que, como se apuntó al inicio, resultó de influencia decisiva para generaciones de guitarristas de todo el mundo. A la vez que escribo estas líneas descubro el tema, de aire western, -disponible en YouTube: «Apache», The Shadows -, cuyo vídeo no es sino un homenaje a esta tribu americana y a los paisajes desérticos de su entorno, tribu tantas veces vilipendiada o marginada y cuya forma de vida en un paisaje tan árido y caluroso ofrece lecciones que no se aprenden en la Universidad. La canción es instrumental y bien podría ambientar una película del Oeste de su época. El punteo de Hank B. Marvin, claro y cristalino, con predominio de los agudos y carente de distorsión, resulta un sello de calidad musical, puesto que tiene todos los argumentos para esta valoración: sencillez, acentuación, sentido rítmico y ensamble armónico. No hay voz, canta la guitarra y ¡cómo canta! Ni que decir tiene que «Apache» fue número 1, como también lo lograron los temas posteriores titulados: «Kon-Tiki», «Wonderful Land», «Dance On» y «Foot Tapper», este último compuesto por Hank B. Marvin en unión del también guitarrista Bruce Welch.

La creación musical de «The Shadows» resulta prolífica siendo muchas de sus composiciones instrumentales. Con Cliff Richards llegaron a grabar nada menos que cuarenta sencillos en apenas nueve años (1959-1968).

A juicio de Nick Cohn, crítico de Rock, el sonido de Marvin y «The Shadows» resultó el más influyente que haya tenido nunca Europa. Pero todo tiene un término y a finales de 1969 la banda se separó, si bien con licencias puntuales de colaboración entre Marvin y Welch en la década de los setenta, década que, dicho sea de paso, contemplaría la irrupción de sonidos muy diferentes a los de la década anterior, ni mejores ni peores, pero ciertamente diversos y pioneros en la historia musical, cuya arquitectura final, por suerte, no llega nunca a completarse (7 notas, sí, 12 sonidos, pero millones «de ladrillos» con los que componer canciones).

The Shadows participó en el Festival de Eurovisión de 1975 y pese a hacerlo con un tema titulado «Let me be the one» tuvieron que conformarse con un notable segundo puesto. Eso sí, como grupo no desperdiciaron la manida moda de sacar un recopilatorio de sus grandes éxitos para sus fans: «The Shadows 20 Golden Greats», en 1977, y poco después llamaron la atención con una versión del conocido tema «Don´t Cry For Me Argentina» (canción compuesta en 1976 por los ingleses Ardrew Lloyd Webber, la música, y Tim Rice, la letra), versión instrumental preciosa y buen ejemplo de los manejos de Hank B. con la stratocaster, cerrando la década con su participación en la grabacion de la banda sonora de la película «The Deer Hunter» (El Cazador) en 1979, de Michael Cimino.

En los años ochenta, el trío formado por los guitarristas Marvin-Wech y el baterista y pianista Brian Laurence Bennet, publica los siguientes discos: «Change of Address» (1980), «Life In The Jungle» (1982) y «Guardian Angel» (1984).

Hank B. Marvin tambien tiene una carrera en solitario: «Hank Marvin» en 1969, y «The Hank Marvin Guitar Syndicate», si bien no tuvo el éxito al que estaba acostumbrado con la banda de su vida. Poco después continuó con el conjunto «Marvin, Welch & Farrar», en el que junto a los dos primeros se sumó el cantante australiano John Farrar, trío que grabó tres discos (el último ya sin Bruce Welch). Sus colaboraciones con otros importantes artistas de «palo» muy diferente son importantes: con George Harrison (fallecido en 2001) y Paul McCartney, relación que viene de muy atrás, puesto que Beatles y Shadows compartían estudio de grabación en Abbey Road en Londres (precisamente esta semana dos músicos españoles: Juanjo Zamorano y Jorge Otero, miembros de la banda asturiana «Stormy Mondays» han pasado por este mítico estudio, llamado hasta 1970 Emi Studios); colaborando igualmente en el álbum «Revolutions» del gran compositor francés Jean-Michael Jarre en 1988, acompañándole en dos conciertos celebrados en Londres, en los Muelles Victoria, con más de 200.000 personas.

El legado principal de Hank B. Marvin es que su sonido ha tenido notoria influencia en otros grandes de la guitarra como Pete Townshend, Jeff Beck, Ritchie Blackmore, Tony Iommy; curioso resulta que el gran Carlos Santana -cuya biografía se trató aquí el 3 de mayo de 2019: Carlos Santana: Rock con ritmo latino y afrocubano -, se autoapodara «Apache», por la canción antes mencionada de «The Shadows», que fue uno de los primeros temas que aprendió a tocar.

Mi contacto con la música de Hank B. Marvin fue tan accidental como afortunado. Resulta que escuchando el mítico concierto de los Dire Straits en el antiguo Wembley, en 1985, en el que presentaban «Brothers in Arms», -concierto televisado por la televisión pública española a finales de 1986 y que grabé en VHS, y concierto al que debo que me iniciara a estudiar la guitarra eléctrica apenas dos meses después-, en la última canción, la tanta veces escuchada «Going Home», que tuve la oportunidad de versionear con mi grupo «Unexpected Visit» en el año 2016, Mark Knopfler sorprendió a todos invitando a Hank B. Marvin a acompañar a su banda en este inolvidable tema, apareciendo con sus gafas de estudiante Vip y su inseparable Fender Stratocaster de color rosa mate. Me quedé hipnotizado con su estupendo directo, creo que ésa ha sido la interpretación que más me gustó de todas las que he escuchado de «Going Home» (y ya son ciertamente decenas). En ese concierto se percibía la admiración que el gran Knopfler profesaba por Marvin, quizás se habían conocido en esa ciudad tan importante en las composiciones del líder de los Dire Straits (Newcastle), si bien Marvin es ocho años mayor. Lástima que con mis 15 años de arrogancia no explorara más sobre este estupendo guitarrista pero en 1986 todos me parecían liliputienses al lado de Mark, cuya biografía fue tratada aquí el 6 de octubre de 2017: Mark Knopfler, un tipo genial (por José Ramón Paredes). No obstante, a tiempo estoy, querido Marvin, no sólo de escuchar tus composiciones sino de tratar de emular unos solos puros y emocionantes, con una dulce cadencia armónica, que caracterizan tu sonido. El creador de la Fender Stratocaster, Leo Fender (que hoy tendría 110 años) no podría estar más orgulloso de ver que su instrumento haya sido tocado, acariciado, por manos tan talentosas como las tuyas.

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