F.S. Bach, la incógnita de una hermosa obra

Esta tarde voy a dedicar unas líneas al compositor barroco F.S. Bach, de la familia del gran genio musical Johann Sebastian Bach, saga familiar que ha dado decenas de músicos, iniciándose el clan en el patriarca Veit Bach (1550-1619), bisabuelo de Johann Sebastian, teniendo éste veinte hijos de los cuales sobrevive a 11, y dedicándose buena parte de ellos a la música; clan familiar que se prolonga hasta la segunda mitad del siglo XIX, con el último eslabón de la cadena familiar: su bisnieta Carolina Augusta Wilhelmine Bach.

Centrándonos en F.S. Bach, he localizado una partitura muy bonita y sencilla de ejecutar que no fue objeto de ningún programa académico de los que preparé en la carrera. Se trata de un minueto en Sol Mayor, -que conviene no confundir con el compuesto por J.S. Bach-, muy agradable y nostálgico, pese a tratarse esta forma musical de una danza tradicional de la música barroca, originaria de la región francesa de Poitou y que alcanzó su mayor popularidad en el período comprendido entre 1670 y 1750 (que, como sabemos, se considera la fecha en la que termina el estilo barroco musical, coincidente con la muerte de Johann Sebastian Bach).

La estructura de la obra es fiel exponente del minueto más reconocible. Partimos de un compás ternario (tan proclive a la danza), de subdivisión binaria, esto es, 3/4, que se estructura en dos partes de prácticamente la misma extensión, en este caso de 16 compases completos cada una, con repetición completa ambas partes, y duplicándose nuevamente la parte inicial al derivar desde el último compás a la cabeza por acción de un “Da Capo” y terminar la obra en la repetición de esa primera parte con la que se corona el final.

El primer fragmento con el que acaba la obra por derivación del D.C. final, está en tonalidad de Sol Mayor, mientras que el segundo está en su relativo menor Mi, tonos hermanos con la misma y única alteración en la armadura (#Fa).

La tonalidad en Mi menor se mantiene estable con la accidentalidad de #Re, séptimo grado o sensible para culminar en la tónica Mi, al igual que la superdominante o sexto grado #Do, sola o seguida de #Re como escala melódica, aunque manteniendo también estas notas accidentales en sentido descendente en un dibujo que inmediatamente ensambla con la misma escala ascendente. Resulta llamativa la presencia de la nota #Sol, mediante o tercer grado de Mi, en dos compases seguidos en la parte primera en Sol Mayor, que por su puntualidad y combinación con otros sonidos no representa un cambio tonal.

La rítmica es estable con blancas con puntillo en los bajos, negras, corcheas, y únicamente dos semicorcheas en el penúltimo compás de la segunda parte, que por su accesoriedad casi parecen notas de adorno, con testimoniales silencios en voces alternativas, grave o aguda, coincidentes con dibujos melódicos en la voz que destaca en cada momento como cantante o principal.

En definitiva, es una obra muy agradecida para estudiar e interpretar, que en buena lógica debería tocarse a una velocidad no muy rápida ya que aunque el minueto en su etapa inicial se ejecutaba a gran velocidad tendió a ralentizarse, siendo el tempo moderato bastante apropiado, si bien en la partitura que manejé no tenía ninguna referencia de pulso. Hay que tener en cuenta que el minueto era un baile cortesano del siglo XVII, de pasos gráciles y aparentemente sencillos, en los que el tempo moderato permitía un mayor énfasis de los pasos, lo que realzaba la elegancia de los movimientos de esta danza (si bien en Italia se ejecutaba a velocidad más rápida que en Francia), pieza que sin duda representa buena parte de la estructura, sonidos y tonalidades del Barroco Musical en cuyo apogeo fue compuesto, comprometiéndome a indagar en las semanas próximas sobre aspectos propios de F.S. Bach, de su obra musical y del tiempo en el que le tocó vivir.

 

 

 

 

 

 

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